Cayó una banda que se dedicaba a falsificar títulos secundarios, terciarios y universitarios

Fuente: Policía de la Ciudad.

En un operativo de la Policía de la Ciudad, se realizaron doce allanamientos y fueron detenidas ocho personas
<a href="https://elcivico.com/actualidad/2019/07/01/cayo-una-banda-que-se-dedicaba-a-falsificar-titulos-secundarios-terciarios-y-universitarios/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-07-01T10:21:09-03:00">julio 1, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-09-10T10:10:20-03:00">septiembre 10, 2019</time></a>

Ocho personas fueron detenidas luego de ser acusadas de integrar una banda dedicada a confeccionar y comercializar títulos secundarios, terciarios y universitarios apócrifos. Ello se produjo en el marco de un operativo llevado a cabo por la Policía de la Ciudad en distintos puntos del conurbano.

El procedimiento policial consistió en doce allanamientos en la provincia de Buenos Aires. En concreto, estos fueron realizados en los partidos de Morón, Lomas de Zamora y Avellaneda. Allí se secuestraron sellos, impresoras, tintas y demás elementos que utilizaban los detenidos para crear las certificaciones falsas.

De acuerdo con lo señalado por fuentes policiales, el grupo dedicado a falsificar documentación pública era conocido como la banda del “Jinete Negro”. Por la elaboración de sus “productos” ilegales, se veían afectados tanto el Estado nacional como el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Según indicaron desde el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño, los títulos académicos apócrifos eran ofrecidos en sitios web, diarios y folletos repartidos en la vía pública. Los falsificadores garantizaban que los documentos serían legales, ya que se valían de tener contactos en los organismos otorgantes.

El Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal número 11, a cargo del juez Claudio Bonadio, emitió una orden para dar intervención a la División Defraudaciones y Estafas de la Policía de la Ciudad. El objetivo era identificar a los miembros de la banda y encontrar dónde desarrollaban su actividad.

La investigación reveló que el grupo captaba a sus potenciales clientes a través de anuncios, donde facilitaban números de teléfono de contacto. Luego de una primera comunicación, las partes realizaban vía WhatsApp los arreglos necesarios para dar inicio a la falsificación del título secundario, terciario o universitario, según lo requerido por el interesado.

La banda era liderada por un individuo de apodo “Jinete Negro”, encargado de llevar adelante toda la operación y de supervisarla desde el comienzo hasta el final. Su socio es conocido como “el Gordo” y tenía por funciones ponerse en contacto con los clientes y entregar los títulos ya confeccionados.

Otro de los miembros, señalado como “el Peque”, se encargaba de reunir los datos necesarios para el armado de la documentación, por ejemplo, firmas, promedios y establecimientos educativos. Por su parte, “el Turco” se encargaba de todo lo que tiene que ver con la imprenta y de conseguir la materia prima para confeccionar los títulos y los sellos.

Un hombre sindicado como “Bam ban” hacía las veces de contador de la banda, ya que se dedicaba a manejar la cuenta bancaria donde los clientes depositaban sus pagos. Sin embargo, él no era el responsable de recolectar el dinero, sino que de eso se ocupaba un sujeto conocido como “el Bicho”. “Nacho”, otro de los integrantes, se encargaba de ocultar las huellas y los elementos constitutivos de ilícito.

En el grupo había una única mujer, apodada por sus compañeros como “la Princesa”. Junto con su padre, la falsificadora se encargaba de dos aspectos. Por un lado, de llevar adelante las relaciones públicas de la agrupación delictiva. Por el otro, de atender a los interesados en comprar la documentación académica apócrifa.

De acuerdo con el secretario de Justicia y Seguridad de la Ciudad, Marcelo D’ Alessandro, “estos estafadores pedían a sus clientes fotos 4×4, fotos del DNI y los datos básicos para que en menos de 48 horas tuvieran un título trucho en mano”. En el caso de una certificación que acreditaria estudios terciarios o universitarios, el comprador podía elegir la carrera y la institución otorgante.

Los precios manejados por la banda iban desde los 4 mil pesos, para los analistas secundarios, hasta los 20 mil pesos, para los universitarios. En cualquiera de los casos, quien ofrecía los servicios de confección aseguraba que estaban inscriptos en todas las dependencias pertinentes, por lo que en apariencia eran “legales”.